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La búsqueda de la completitud en las relaciones de pareja

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La búsqueda de pareja, en las relaciones amorosas de los adultos jóvenes  siguen un  proceso de búsqueda de completitud, caracterizado por la vivencia de cuatro energías: el deseo, la atracción, la pasión, el amor

El deseo 

Considero, al igual que los compañeros psicoanalistas, que todas las personas desde que nacemos nos constituimos en seres incompletos y que pasaremos el resto de nuestra vida tratando de completarnos, aunque esto sea imposible. Esta búsqueda de completitud nos hará seres deseantes y las satisfacciones parciales a nuestra búsqueda nos darán placer y las insatisfacciones no generarán displacer pero nos seguirán impulsando a buscarlo. Por todo lo explicado anteriormente definiré el deseo como esa energía personal que nos impulsa permanentemente  a buscar la completitud.

 En el caso de la búsqueda de pareja, es ese deseo que nos hace considerar, de manera inconsciente por supuesto, que nuestra vida se completará con ese otro llamado pareja cuando tengamos la dicha o la suerte de encontrarla.

La atracción

Movidos por el deseo y con la seguridad de que en alguna parte del mundo se encontrará ese alguien o ese algo que nos complete, las personas dejamos fluir otra energía a la que denominé atracción. La atracción a diferencia de lo que la mayoría piensa no está mediada por cuán “popular” sea una carrera o cuan “bella”  sea la persona que tenemos adelante, sino por lo que significa para  nuestro inconsciente. Resulta que al representar un sistema familiar, todos y cada uno de nosotros tenemos  o asumimos cosas no resueltas por generaciones anteriores y que por razones muy bien explicadas por los psicólogos sistémicos, nosotros fuimos elegidos para resolverlas, estas experiencias son guardadas en nuestro cerebro y emergen justo cuando tenemos cerca ese algo o alguien que parece indicado para enloquecernos a tal grado que nos veamos forzados a confrontar nuestros temores más profundos y así crecer.

Esta es una de las razones por la que no nos atrae cualquier objeto, carrera, o persona, sino aquello que mueve en nosotros  un detonador interno del que  no somos conscientes. Por todo lo explicado definiré la atracción como esa energía que nos impulsa a buscar la resolución de viejos conflictos familiares a través de la relación con algo, con alguien o con una situación.

 En el caso de la búsqueda de pareja, es la atracción la que nos hace creer que encontraremos a “nuestra media naranja” y la que, a la corta o a la larga nos desconcierta y nos hace cuestionarnos el por qué elegimos a esa persona cuando habían muchas más deseosas de hacer pareja con nosotros en las viñas del señor.

La pasión

Una vez que el deseo y la atracción viabilizaron el encuentro de ese algo o alguien,  surge una nueva energía a la que denominé pasión. La pasión probará a nuestro cuerpo en su reacción ante el otro, a través de complicados mecanismos físicoquímicos que viabilizarán sensaciones en nuestro cuerpo que permitirán que sintamos placer o displacer. A diferencia de lo que piensa la mayoría la pasión no se presenta sólo en encuentros íntimos  de pareja que van desde las miradas hasta las relaciones coitales, sino que está presente en nuestro cuerpo a través de sensaciones que nos hacen estar alertas a la presencia o ausencia del otro generando sentimientos de placer o displacer. Por todo lo explicado definiré la pasión como esa energía que nos hace sentir vivos.

 En el caso de la búsqueda de pareja, es la pasión la que nos hace pensar que “nuestra vida es imposible sin la otra persona” y nos permite disfrutar de tremendo sufrimiento, incluso de  buscarlo intencionalmente. Los romances más grandes, las obras musicales y literarias se han ocupado de tratar de describir esta experiencia aunque muchos la han denominado amor.

El amor

Aunque gran parte de las personas suele confundir el amor con la pasión y por ello justificar su ceguera, esta energía lograda a través de todos los pasos anteriores, no puede ser la más inconsciente, por el contrario, es la más consciente, puesto que implica una construcción permanente. El amor implica responsabilidad frente a uno mismo y frente al otro, por ello es posible amar a la familia, a la sociedad, a la profesión, a los amigos y a la pareja sólo cuando existe la conciencia de la reciprocidad, es decir la conciencia del dar y del recibir en permanente flujo. Esta es la razón por la que no amamos en cualquier relación, puesto que para amar es preciso encontrar la reciprocidad. Por todo lo explicado definiré el amor como aquel sentimiento de responsabilidad de mi crecimiento personal en relación al otro.

 En el caso de la búsqueda de pareja, es el amor el que nos permite y nos exige crecer permanentemente y para ello hay que estar concientes de que el otro no es sino un compañero de crecimiento que vive y explora su deseo, su atracción y su pasión en nuestra compañía, alimentando día a día la construcción de aquello que no es eterno por sí mismo como es la energía denominada amor.

Estas energías, más bien conocidas como sentimientos, están presentes desde que nacemos hasta que morimos, sin embargo es la vida adulta donde se manifiestan con mucha intensidad las relaciones  sociales, familiares y, sobre todo  las relaciones de pareja.

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