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La maravilla de mi cuerpo: ¡Ninguna ITS entrará en él!

copacabana

Desde que comienza nuestra vida hasta que termina, todas las personas somos seres sexuados, nacemos con un sexo biológico, desarrollamos nuestro sexo psicológico, incorporamos nuestro sexo social y nos identificamos con nuestro sexo jurídico. Por lo tanto el sexo siempre está presente en nuestros cuerpos.

En un momento de nuestra vida, generalmente a partir de la pubertad, comenzamos a hacernos conscientes de que ese cuerpo además de ser sexuado, o en razón a ello, siente placer cada vez que satisfacemos una necesidad. Entre todos los placeres que sentimos, uno llamará poderosamente nuestra atención cuando somos adolescentes y/o jóvenes, el placer de atraer y sentirnos atraídos por una persona que puede ser nuestra pareja.

Así es como comenzamos a buscar la experiencia de sensaciones eróticas en nuestro cuerpo, todo lo que nos hace sentir una mirada, una caricia, un beso, es increíblemente grato para  ciertas regiones del mismo y, en consecuencia, aprendemos lo que significa vivir la excitación.

Sería interesante aprender a regular estos  procesos, es decir aprender a explorar las diversas sensaciones que un encuentro erótico de pareja puede proporcionarnos, hasta que física y emocionalmente estemos prepard@s para compartir el encuentro de nuestros genitales, es decir para compartir las sensaciones que un encuentro coital puede brindarnos y asumir las responsabilidades que implica tenerlo.

El encuentro coital brinda muchas satisfacciones al cuerpo, que serían totalmente maravillosas si estas sensaciones de placer genital no estuvieran aparejadas a algunos riesgos que en el ímpetu  por la búsqueda de placer no se suelen tomar en consideración, como las  Infecciones de Transmisión Sexual: sífilis, chancro, clamidia, gonorrea, herpes, VIH, hepatitis b, tricomoniasis, virus de papiloma humano, etc.

Las personas que recién inician sus encuentros coitales suelen pensar que son demasiado jóvenes, demasiado inexpertos, demasiado invulnerables como para contraer una ITS, o que éstas sólo ocurren entre personas “promiscuas” o que adquieren “malos comportamientos”. No es así, las personas  jóvenes son especialmente vulnerables a las ITS y a los problemas de salud que estas infecciones conllevan,  debido a  que:

No están lo suficientemente informad@s  para  poder  prevenirlas.

Las experiencias coitales precoces pueden generar lesiones del tejido vaginal, uretral, anal y  generar  vulnerabilidad a las ITS.

El uso de métodos de barrera, como el condón,  no suele incorporarse desde las primeras experiencias íntimas.

A fin de que estas infecciones, cuyas consecuencias pueden terminar siendo severas, no se presenten en la maravilla de nuestros cuerpos, podemos tomar ciertas precauciones para evitar su ingreso: esperar a que nuestros cuerpos, y como parte de ellos nuestros genitales, terminen de desarrollar para iniciar nuestras relaciones íntimas; tener información concreta y científica sobre cómo se contraen las ITS y las formas de evitarlas, mantener relaciones íntimas con una sola pareja y dialogar para que nuestra pareja las mantenga sólo con nosotr@s, asistir en pareja a los controles médicos, pero sobre todo hacer uso correcto del método de barrera que está a nuestro alcance: el preservativo o condón.

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